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| Imagen extraída de Violeta se fue a los cielos, Andrés Wood, 2011. |
Qué
difícil es hablar de un biopic. Las
películas biográficas constituyen, probablemente, uno de los géneros
cinematográficos más cuestionables. No son documentales, pero tratan de
reflejar la biografía de una persona. No son del todo ficción, pero trabajan
con actores y guiones originales. Al final, el problema al que nos enfrentamos
con los biopics es el de siempre, la
cuestión de hasta qué punto podemos llegar a conocer a una persona, hasta qué
punto podemos reducir una personalidad humana a una simple sucesión de eventos
ordenados cronológicamente, suprimir todas sus caras y dejar solamente una a la
vista. El propio escritor, cuando escribe sobre sí mismo, se mutila, y deja ver
solamente una parte de su ser, miente, perfila verdades, esconde secretos.
Mucho más cuando el encargado de escribir la biografía es una persona externa
al biografiado. Y más aún cuando se trata de una producción cinematográfica, la
biografiada lleva cincuenta años muerta y se tienen que contratar actores para
poder recrear su vida en la gran pantalla. Dicho todo esto, no creo que podamos
llegar a conocer nunca quién fue Violeta Parra. Pero nos queda su obra. Y esta
película de Andrés Wood lo que consigue es, precisamente, mantener vivo su
legado.

