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4/2/17

Paint tomorrow blue: Elliott Smith y la felicidad

Elliott Smith fotografiado por Autumn de Wilde.
Asistía anoche a la presentación de Un fotógrafo ciego, el nuevo poemario del escritor cartagenero Juan De Dios García; y una de las ideas que se plantearon en dicho acto se quedó dando vueltas en mi cabeza durante toda la noche: la idea de un nihilismo constructivo. Tal y como yo lo entendí, el nihilismo constructivo sería una forma optimista de ver la existencia humana tras la aceptación de la ausencia de un sentido que la sustente (un dios), una visión vitalista basada en el amor al hombre y la aceptación de la realidad inmediata. Esto se desarrollaría en el libro mediante dos pilares, el mito de Sísifo visto desde una óptica optimista ('Hay que imaginar a Sísifo feliz', que decía Camus en El mito de Sísifo), y el fotógrafo ciego, Evgen Bavcar, que desarrolla su labor artística sin aspirar a poder verla jamás (y sin lamentarse por ello). En fin, saco todo esto a colación ahora porque últimamente he estado pensando en Elliott Smith, uno de los músicos más talentosos que he tenido el placer de escuchar, y cuya visión de la existencia, ampliamente desarrollada en sus canciones, se definiría como la opuesta a la que propone Juan De Dios: Elliott Smith vivió en un nihilismo destructivo.

5/12/16

I used to pray like God was listening: Reseña de The devil and God are raging inside me, de Brand New (2006)

Portada de The devil and God..., que representa simbólicamente uno de los temas centrales del disco: la dicotomía del bien (la niña, la pureza, la inocencia) y el mal (los demonios).
Ha llegado la tormenta. Llega en forma de sombra y frío, no hay ojos para recibirla, el silencio es la única respuesta para los que no conocen el cielo. Y da miedo la soledad, da miedo el helado tacto de la nada y el vacío, pero es peor aún el infierno. Desde una perspectiva cristiana, la muerte puede ser algo más terrorífico aún que el simple dejar de existir. El concepto del pecado y de la condena eterna pueden hacer de la existencia un cuchillo sostenido permanentemente sobre el cuello, dispuesto a clavarse en cualquier momento, cada minuto una herida, cada noche un tormento. La vida nunca es completa, siempre termina abruptamente. La muerte es por naturaleza inoportuna, y por ello cada vida es algo inconcluso, una fuente natural de frustración, una rosa que sangra cortada antes de florecer por completo. Y en esa carrera desesperada contra el final ineludible, en esa batalla inútil, buscamos consuelo, buscamos algo de amor con el que refugiarnos del frío, buscamos la manera de eludir un destino terrorífico, buscamos ser felices, pero erramos. Reflejamos en nuestros actos los miedos de los que huimos, y dejamos de amarnos, encontramos placer en herir a los otros, y hacemos de la Tierra un valle de lágrimas, alimentamos al monstruo, y cada noche, solos en la cama, tememos de nuevo que nadie va a salvarnos de nuestros pecados, que ya es demasiado tarde para eludir la condena al infierno. Esta es la perspectiva filosófica en la que se mueve el disco del que vengo a hablar hoy: The devil and God are raging inside me. Bienvenidos a la tierra del sufrimiento.